Poder Judicial

 

Concurso “Buenas Prácticas en las Oficinas del Poder Judicial”, 2017

 

Formulario de Inscripción 2017

 

Las oficinas y despachos judiciales interesadas en participar en el concurso Banco de Buenas Prácticas en las Oficinas del Poder Judicial 2017, pueden presentar las buenas prácticas que consideren oportunas.

 

Para cada una de las propuestas, se deberá tomar en cuenta lo siguiente:

 

Las buenas prácticas propuestas no deben formar parte de las labores propias del cargo, ni que sean directrices o programas institucionales de aplicación obligatoria para el despacho u oficina que las propone.

 

La aplicación de estas prácticas no debe implicar un aumento significativo en algún renglón del presupuesto institucional.

 

 

 

Nombre de la buena práctica

 

“Programa Hombres en Construcción “

 

Nombre de la oficina, lugar número de teléfono.

 

Oficina  de  Atención  y Protección  a  la  Víctima  del  Delito.  Ministerio  Público.

 

Teléfonos 2247-9424, 8382-8397 y 2253-2935 Sede Central.

 

Nombre de los/as servidores/as responsables que ejecutan o diseñaron la buena práctica propuesta.

 

Roberto Martinez Guevara, Trabajador Social

Marvin Durán Ramírez, Psicólogo.

Jorge Chavarría Guzman.

Sara Arce Mora.

Roger Mata Brenes.

 

Proceso que se quiere mejorar y problema que se pretende solucionar.

 

En Costa Rica la aprobación de un Plan Nacional para la Atención y Prevención de la Violencia Intrafamiliar (PLANOVI) desde el año de 1995, denota el interés político y la preocupación por atender integralmente la problemática de la violencia según grupo poblacional (personas afectadas por la violencia y los ofensores) y como una cuestión de carácter social.

 

Sin embargo, la complejidad, la especialización que implica, la limitación de recursos humanos y materiales, así como la ambivalencia que genera el trabajo con los ofensores, no ha permitido la ejecución de una propuesta de atención a esta población y actualmente, son escasas las entidades que apliquen los diferentes modelos y métodos de intervención, orientados a la disminución de la reofensa, lo que genera una alternativa de protección para la víctima.

 

En la actualidad por la carencia de proyectos específicos, y el aumento en el número de causas relacionadas con la problemática de la violencia contra la mujer, y consecuentemente una serie de dificultades psicosociales derivadas; surge la necesidad en el Poder Judicial, específicamente desde el Ministerio Público, de generar un proyecto dirigido a la atención psicosocial de hombres con problemas de poder y control, como un mecanismo de protección extraprocesal a víctimas de la Ley de penalización de la violencia contra las mujeres y prevención de la reofensa.

 

De esta manera, de conformidad con el artículo 1 de la Ley 8720, es función de la Oficina de Atención y Protección a las Víctimas de Delitos, el de proteger los derechos de las víctimas, testigos y otros intervinientes en el proceso penal, así como regular las medidas de protección procesal y extraprocesal.

 

No se estableció por parte del legislador, mecanismos taxativos de protección, por lo que corresponderá a los Equipos Técnicos Evaluadores, previstos en el artículo 7 de la ley en mención, cuáles serán en cada caso particular los procedimientos y acciones necesarios para disminuir o eliminar el nivel de riesgo de las víctimas ingresadas al programa de protección y Atención a Víctimas del Delito.

 

Con fundamento en lo anteriormente expuesto, la Oficina de Atención y Protección a la Víctima, ha asumido el reto de diseñar e implementar un programa de intervención psicosocial dirigido a hombres con problemas en el manejo del poder y control como un mecanismo de protección extraprocesal a víctimas de ley de penalización de la violencia contra las mujeres.

 

Explicación detallada de la buena práctica propuesta.

 

Objetivo General.

 

  • Desarrollar un proceso de atención individual y grupal, que posibilite a los hombres con problemas para el manejo del poder y control, la internalización de cambios en patrones cognitivos, representaciones sociales de la masculinidad; con la finalidad de favorecer el desarrollo de destrezas y habilidades, tendientes a la disminución de la reincidencia del comportamiento abusivo, como un mecanismo de protección extraprocesal a víctimas de la Ley de penalización de la violencia contra la mujer. 

 

Objetivos Específicos.

 

  • Promover un proceso reflexivo en torno al autoconocimiento y construcción de la masculinidad y su relación con el ejercicio del poder y control.

 

  • Propiciar el desarrollo de habilidades y destrezas cognoscitivas, conductuales e interpersonales, que favorezcan nuevas formas de vinculación social y resolución de conflictos, asociadas a la prevención del comportamiento abusivo.

 

  • Establecer un plan personal de prevención del comportamiento ofensivo, a partir de las situaciones de riesgo particulares, que favorezcan la disminución de reincidencia en el comportamiento abusivo.

 

Propuesta de trabajo.

 

Se trabaja con hombres mayores de 18 años de edad, que por problemas de poder y control, han atentado contra la integridad física, emocional y/o patrimonial hacia una mujer mayor de quince años en el contexto de una relación de matrimonio o en unión de hecho ya sea declarada o no.

 

Los casos serán referidos por medio de la Defensa Pública, Defensa Privada, Fiscalía de Delitos Sexuales, PISAV, Justicia Restaurativa, del I, II y III circuito judicial de San José, o por el propio interés del Ofensor, esto durante la Etapa Preparatoria, Intermedia y/o Etapa de Juicio del Proceso Penal, mediante un formulario de ingreso diseñado para este fin y copia de la denuncia.

 

Una vez recibida la solicitud de intervención, el proceso se dividirá en cuatro Fases: I Fase: Evaluación de riesgo  y filtro: Constará del análisis de los documentos aportados en la referencia y el análisis de los antecedentes penales y policiales, firma del consentimiento  informado,  entrevista  psicosocial  de  inicio  y  aplicación  de  pruebas psicológicas  según  criterio  profesional,  que  permita  definir  la  población  sujeta  de participación en el programa.

 

Fase: Proceso de Sensibilización y Auto-Revisión Grupal: Se llevará a cabo un proceso constituido por 8 sesiones, una por semana de dos horas cada una (Horarios a convenir). En dichas sesiones se abordarán trabajos sensibilizatorios y socioeducativos, con el fin de acercar al participante a la lectura de su realidad como hombre con problemas para el manejo del poder y control, finalizando con un contrato Terapéutico (este último para fines exclusivamente terapéuticos).

 

III Fase: Tratamiento Grupal: En el proceso grupal constituido por 12 sesiones, una por semana de dos horas cada una (Horarios a Convenir), se utilizarán técnicas como: la exposición magistral de temas, en menor medida, la discusión guiada a nivel grupal, ejercicios individuales escritos y verbales, análisis de contenido (canciones, periódicos, casos, libros de texto, videos, entre otros), dramatizaciones y técnicas corporales (socio dramas, psicodrama, esculturas y juegos de roles), escucha activa, reflejo de sentimientos y contenido, exploración de emociones, técnicas gestálticas, alter-ego y reestructuración cognitiva.

 

IV Fase: Evaluación y seguimiento: Se llevará a cabo con los referidos, un seguimiento sistemático con el fin de monitorear acciones, estilo de vida, posibles eventos, indicadores o situaciones de riesgo, durante tres sesiones individuales, (una vez al mes), dentro de las cuales se reevaluarán dichas condiciones asociadas con el comportamiento violento hacia las personas allegadas en sus relaciones interpersonales. Posteriormente, se realizará la devolución del proceso terapéutico, para finalmente referirlo a alguna opción de intervención institucional, con el propósito de dar continuidad al proceso iniciado, esto último en caso de que se valore necesario.

 

Impacto observado en la solución del problema.

 

Según la teoría que se utilizó como insumo para la creación del programa Hombres en Construcción, los varones que han cometido actos de violencia de género, se caracterizan generalmente por negar o minimizar los hechos de maltrato que les han llevado a un proceso ante la justicia. Normalmente manifiestan que las verdaderas víctimas de violencia son ellos mismos, y reconocen que el uso de la violencia no está bien. En caso de que haya una leve actitud de responsabilidad del acto cometido lo justificarían diciendo que aunque esté mal hecho, fue por un ataque de celos, un arrebato, una provocación. Todo ello hace que muchas de las herramientas de evaluación sean sensibles a dar resultados sesgados, debido a que el sujeto evaluado pretenda mostrar una imagen de sí socialmente aceptada y adaptada, es por esto que los instrumentos que se seleccionaron, fueron con el propósito de implementar los que mejor se adapten según las necesidades del Programa Hombres en Construcción. Lo más certero fue la entrevista Psicosocial de Inicio, que ofreció a los profesionales la posibilidad de contrarrestar gran parte de estos sesgos. No por ello se puede dejar de lado la necesidad de contar con datos objetivos de evaluación, por lo que se utilizaron las escalas de pensamientos distorsionados sobre la mujer y sobre el uso de la violencia; además de la Valoración de Riesgo de violencia contra la pareja (SARA) y el inventario de evaluación de la personalidad (PAI).

 

Los siguientes resultados son tomados a partir de los casos que han finalizado satisfactoriamente la intervención profesional, así como los que se encuentran actualmente dentro de los procesos terapéuticos.

 

De los casos en los cuales se realizó la Entrevista Psicosocial de Inicio, se encontró que en efecto hay un importante nivel de negación de responsabilidad de la participación en dinámicas violentas dentro de sus relaciones de pareja; y en los casos en que existe un grado de aceptación justifican los hechos a partir de situaciones circunstanciales que motivaron los actos violentos, dándoles a estos un carácter fortuito o atribuyéndole altas cuotas de responsabilidad a la víctima.

 

Entrevista Psicosocial de Inicio: Se encontró en la mayoría de estas personas factores como inestabilidad laboral y por lo tanto económica, además de altos niveles de tensión a partir de dificultades para restablecer domicilio pues muchos tienen que salir del hogar y esto los lleva a vivir en condiciones precarias en que padecen cierto nivel de desarraigo al contar por lo general con pocas o ninguna red de apoyo.

 

Se encontró un importante número de varones con antecedentes personales o familiares de historia de violencia intrafamiliar, y en algunas situaciones particulares la entrevista permitió identificar múltiples historias previas de violencia contra la pareja, en las cuales se identificó la existencia de patrones conductuales en las dinámicas de pareja que resultan en actos violentos.

 

Se comprendieron las subjetividades del concepto de “ser hombre” y cómo los celos y el enojo los determinan en todo tipo de vínculo social.

 

Permitió además conocer historia y patrones de consumo de sustancias psicoactivas, para ofrecer cuando así lo ameritaba, alternativas de tratamiento en las instancias competentes durante los procesos de intervención terapéutica de este programa.

 

Al ser el programa voluntario y no constituirse como un beneficio dentro del proceso penal, también fue interesante conocer sobre las motivaciones que los usuarios tienen para aceptar un proceso de revisión de sus masculinidades y de búsqueda de establecimiento de relaciones libres de violencia; entre las cuales destacaron:

 

  • Disminuir la situación de estrés y ansiedad que están viviendo a partir de las condiciones que afrontan dentro de un proceso penal.

 

  • Recuperar a su familia, o al menos mejorar la relación con los y las hijas, para así tener un adecuado ejercicio de la paternidad.

 

  • Saber cuáles pudieron haber sido sus fallas en las relaciones de pareja, para que las mismas terminaran en procesos judiciales.

 

Esta última se consideró muy relevante; pues al finalizar la primera entrevista en el programa, fue así como muchos reconocieron en algún nivel tener una cuota de responsabilidad en los hechos que se denunciaron, y con esto la necesidad de recibir ayuda, a pesar de no tener claridad de su participación en las dificultades que experimentaban en sus relaciones interpersonales.

 

Escala de “Inventario de Pensamientos sobre el uso de la violencia”: Dentro de los principales resultados obtenidos en la primera vez que se realiza la escala, al inicio del proceso, se evidencian pensamientos que justifican el uso de la violencia a nivel intrafamiliar, como un mal necesario, un problema que debe de quedarse en el ámbito más privado, como método para educar y corregir, como una adecuada respuesta ante situaciones de amenaza; y niegan la existencia de daños graves, o efecto alguno a nivel emocional o afectivo en las personas que padecen la violencia.

 

En el caso de los usuarios que han finalizado el proceso de intervención, y al evaluarlos nuevamente, se encontró una importante disminución en estos pensamientos antes mencionados sobre el uso de la violencia, persistiendo algunas ideas como el pensar que los agresores son personas que tienen problemas psicológicos graves, sin alcanzar a comprender que la violencia se instaura sistemáticamente en algunos entornos familiares.

 

Esto se podría comprender porque al reconocer las escalonadas de la violencia, entienden la misma como un modo de interacción que va a llevar necesariamente a una ruptura de estas relaciones (por judicialización de los casos, abandono del hogar, femicidio, etc.)

 

Escala de “Inventario de pensamientos distorsionados sobre la mujer”: Se encontró en los usuarios entrevistados al inicio de sus procesos una importante mayoría que sostienen pensamientos propios de la masculinidad hegemónica en que el hombre permanece en una posición de superioridad o privilegios por el hecho de ser hombres, y todavía más por ser los responsables de la manutención de la familia, permitiendo esto mantener relaciones en que subordinan a la mujer.

 

Al finalizar el proceso se encontraron importantes cambios en estos pensamientos destacándose la equidad de género, la importancia de las relaciones de pareja más igualitarias y en respeto de las libertades individuales de cada quién.

 

Guía de valoración de riesgo de la violencia contra la pareja (SARA): Esta escala nos permitió valorar factores de riesgo que se agrupan en cinco grandes secciones las cuales son Historial Delictivo, Ajuste Psicosocial, Historia de Violencia de Pareja, Agresión Actual y Otras Consideraciones; evaluando con estas áreas, factores que determinaron un eventual riesgo actual o futuro para la pareja; clasificando al evaluado según nivel de riesgo Alto, Moderado y Bajo.

 

Según los datos obtenidos directamente de los evaluados, se tiene que mantienen perfiles de riesgo dentro de los rangos moderado y bajo; complementando con los datos obtenidos en la entrevista para tomar los insumos que califiquen la posibilidad de integración de los usuarios a los procesos de terapia.

 

Los sujetos que finalizaron satisfactoriamente el proceso terapéutico no solo no aumentaron su nivel de riesgo; sino que se pudo constatar una importante disminución en los niveles de riesgo de reincidir en episodios de violencia en sus relaciones interpersonales y por supuesto de sus (ex)parejas.

 

Inventario de evaluación de la personalidad (PAI): Es un cuestionario de la personalidad que se divide en cuatro grandes escalas: de validez, clínicas, relacionadas con el tratamiento y de relación interpersonal.

 

 

En las escalas de validez se encontró que al inicio de la intervención un alto nivel de los entrevistados mostraba un importante nivel de interés en demostrar una impresión positiva o negativa de sí mismos, sin que esto alterara de manera significativa los resultados del resto de la prueba.

 

En las escalas clínicas se encontraron al inicio del proceso, altos niveles de quejas somáticas, altos niveles de ansiedad y trastornos relacionados con la ansiedad, rasgos depresivos, episodios de manía, rasgos de paranoia, rasgos antisociales y problemas con alcohol y otras drogas.

 

En las escalas relacionadas con el tratamiento se evidenciaron niveles significativos de comportamientos agresivos como la creencia en la utilidad instrumental de la agresividad, falta de apoyo social, altos niveles de estrés y en su mayoría a partir de esta escala se pudo identificar que presentan las características para adaptarse a la intervención terapéutica que se ofrece.

 

Finalmente en las escalas de relación interpersonal, en la que se valora la capacidad en las relaciones interpersonales se evidenció importantes dificultades en lo relacional.

 

Al aplicárseles nuevamente el PAI al final del proceso terapéutico se evidenció la disminución significativa de los niveles en las escalas clínicas antes mencionadas, además de un desarrollo de habilidades y herramientas para mejorar sus relaciones interpersonales.

 

En las intervenciones en domicilio no se logró encontrar con la existencia de condiciones que pudieran implicar un aumento en los niveles de riesgo de violencia en contra de la pareja u otros miembros de la familia; y en el caso de las personas cercanas al usuario, que fueron entrevistadas mencionaron cambios observables positivos en las relaciones interpersonales de los sujetos intervenidos.

 

Otro insumo utilizado para valorar fue la encuesta de satisfacción del servicio, aplicada a los usuarios que finalizaron el proceso, se evidenció altos niveles de satisfacción en las sesiones abordadas, además de la aplicabilidad de las temáticas y herramientas ofrecidas durante los abordajes terapéuticos.

 

Finalmente, es importante mencionar que no se ha conocido información por parte de la defensa pública, ni ninguna otra fuente, de que los usuarios durante el proceso de intervención hayan reincidido en episodios de violencia en contra de sus parejas o demás familiares.

 

Iniciativas y acciones importantes que deberían tomarse para reproducirla.

 

Evidentemente debemos enfatizar que el programa Hombres en Construcción se debe mantener con el trabajo terapéutico grupal que ha venido realizando semanalmente, esto con un máximo de dos grupos terapéuticos simultáneos, de hasta veinte personas cada uno, lo cual sería la capacidad máxima para ofrecer el  servicio según el personal asignado actualmente (una persona profesional en trabajo social y una persona profesional en psicología).

 

  • Se recomienda mantener los abordajes terapéuticos grupales únicamente para hombres que se presume hayan ejercido violencia en contra de sus parejas.

 

  • Promover mecanismos de remisión de casos que cumplan con los criterios de ingreso y así facilitar la conformación de nuevos grupos de terapia.

 

  • Ofrecer la posibilidad de espacios voluntarios y abiertos de revisión de las masculinidades para varones que han concluido el programa Hombres en Construcción.

 

  • Si se abren nuevos espacios de intervención terapéutica en otras áreas del país será necesario contar con profesionales capacitados y comprometidos en el trabajo hacia esta población, ya que con el personal dispuesto actualmente no se podrían iniciar grupos de terapia con todas las fases y abordajes necesarios y dispuestos en el proyecto.

 

Por qué recomendaría a otras oficinas o juzgados que tomen en cuenta esta buena práctica judicial y la repliquen.

 

Si bien es cierto, el nivel de especialización que se ha desarrollado en la intervención psicosocial de los procesos de terapia grupal en el programa Hombres en Construcción a lo largo de varios años ha sido alto, no se puede pretender que sea replicada sin un aumento en el presupuesto institucional, requiriendo la contratación de personal con la capacitación específica en estos temas, sin embargo cabe mencionar que el Programa Hombres en Construcción, de manera simultánea ha venido desarrollando un trabajo preventivo a nivel comunitario e institucional con un proceso de talleres sistematizados en seis sesiones de dos horas cada uno, en el Tema de “Masculinidades, Género y Prevención de la Violencia”, buscando con esto brindar herramientas y estrategias educativas y vivenciales, junto al desarrollo de espacios grupales de reflexión favoreciendo la construcción de vínculos saludables desde el análisis de sus prácticas sociales e individuales; en sus relaciones inter e intragenéricas y con su entorno, lo cual permite a los y las participantes un considerado cambio en la comprensión de sí mismos y mismas como seres sexuados que no define sus relaciones de poder hacia los otros y las otras; pues no podemos dejar que la violencia se haga parte de la identidad masculina como resultado del proceso de construcción social e histórica de ésta. Sabemos que la violencia masculina no es una condición natural o biológica de los hombres.

 

La finalidad de estos talleres es prevenir la violencia y las desigualdades genéricas desde la reflexión, el desarrollo de habilidades y el fomento de relaciones libres de violencia.

 

 

Es así que a partir de lo anterior y bajo este modelo si se podría buscar espacios a nivel institucional donde los funcionarios y funcionarias reciban dichos talleres a fin de que se sensibilicen en las temáticas y necesidades del trabajo preventivo.

 

Mecanismo o instrumento de medición del éxito de la práctica propuesta.

 

La forma de medir la funcionalidad del programa Hombres en Construcción, fue estableciendo un punto de partida y final en cuanto a factores cualitativos de los sujetos antes de la intervención psicosocial, tales como Percepción y uso de la violencia hacia la mujer, Problemas de Poder y Control hacia sus parejas, ira, enojo, conceptos en cuanto a la identidad de género, construcción de la masculinidad, autoestima, vivencias de separación y duelo entre otros, lo cual es posible medir mediante las pruebas psicológicas ya mencionadas.

 

Una vez que se ha recibido la solicitud de valoración del referido para su ingreso al programa Hombres en Construcción, en la primera cita, se aplica la entrevista psicosocial de inicio en compañía de tres pruebas: Inventario de Pensamientos Distorsionados Sobre la Mujer, Inventario de Pensamientos Distorsionados Sobre el uso de la Violencia y la SARA (Manual para la Valoración del Riesgo de Violencia Contra la Pareja). Esto se tiene previsto en un lapso de dos horas por persona. Posteriormente se programa una nueva cita en la cual se aplica la prueba psicométrica PAI, de la cual también se obtiene una amplia información de factores de la personalidad que establecerán finalmente las bases sobre las cuales se pretende trabajar y procurar el cambio.

 

Al finalizar el proceso de intervención terapéutica grupal, se ofrecen tres sesiones individuales de seguimiento y valoración en las cuales nuevamente se aplicarán las pruebas psicológicas y escalas del inicio para comparar así los nuevos resultados obtenidos con los ya documentados de las pruebas aplicadas en las dos primeras sesiones. Es decir, se podrá realizar una comparación de factores cualitativos de los sujetos en un antes y un después de la intervención psicosocial (la duración del proceso terapéutico grupal es de 20 sesiones). Estos resultados pondrán en evidencia si la intervención ha sido efectiva o señalar que cambios se obtuvieron y que factores psicoterapéuticos intervinieron en esos cambios. Así como también se podrá observar si no hubo un impacto positivo, permitiendo buscar nuevas estrategias de intervención que posibiliten los cambios requeridos y positivos en los sujetos evaluados.

 

Por otro lado, se tiene establecido que entre la sesión ocho a la sesión veinte, en caso de considerarse necesario según criterio profesional, se realizan seguimientos de campo, en los cuales se llevan a cabo entrevistas no estructuradas a personas allegadas al sujeto en intervención (familiares, vecinos, policía de fuerza pública entre otros); esto como herramienta de revisión de avance de proceso. Lo que se busca como herramienta de evaluación de impacto y efectividad del programa de intervención, es que no solamente se tenga como referencia los datos que se puedan recabar de las pruebas psicológicas antes mencionadas, sino que se recopile información proveniente del entorno social en el que se desenvuelve el hombre en intervención. Datos acerca de su conducta y formas de socializar que puedan servir como referencia de la efectividad o no, resultado del proceso psicosocial iniciado.

 

Es así que se podrá realizar una triangulación de la información cualitativa obtenida en un antes, durante y después de la intervención realizada.

 

De la experiencia se ha obtenido que las personas que han sido tratadas en el programa, en un primer momento hay una negación de la participación en dinámicas violentas en sus relaciones de pareja, o bien justifican sus (re)acciones violentas como casos fortuitos en que fueron motivadas por la víctima. Al finalizar el proceso se encontró un importante reconocimiento de la responsabilidad de los usuarios en las dinámicas violentas en el contexto de pareja y familia. Además un pensamiento más igualitario respecto de la mujer y más adaptado respecto de la violencia y su instrumentación consiguiendo como resultado final una disminución en el riesgo de reincidir en episodios de violencia en sus relaciones interpersonales y hacia sus parejas.

 

Mencionando algunos aspectos cuantitativos se puede hacer referencia a que se cuenta con un total de 37 personas que han participado en la fase grupal del programa, siendo estos los que sin ningún beneficio a nivel procesal aceptan recibir tratamiento y cuentan con las posibilidades para comprometerse con la asistencia a las sesiones grupales.

 

De las 37 personas que han iniciado con el proceso grupal, han desertado 7 del proceso por diversos motivos, más que todo asociado a cambio de condiciones laborales que impiden dar continuidad al proceso terapéutico grupal; o bien, por dificultades asociadas al consumo de sustancias psicoactivas. Han finalizado existosamente 22 y 8 usuarios más que se encuentran actualmente en proceso terapéutico. (ver gráfico 1)

 

 

 

Gráfico 1 (ver gráfico en documento de descarga)

 

Usuarios que han participado en proceso terapéutico grupal (ver cuadro en documento de descarga)

 

Hasta el día de hoy se han ofrecido un total de 108 sesiones de terapia grupal.

 

Por otra parte se ha ofrecido espacios educativos en comunidades a lo largo del país, sobre “Género, Masculinidades y Prevención de la Violencia”, para un total de 27 sesiones en 5 comunidades donde se ha contado con 645 asistencias en sumatoria (ver tabla 1)

 

Tabla 1

 

Taller “Género, Masculinidades y Violencia”

 

 

Comunidad

Sesiones

Participantes

 

 

 

 

 

Limón, Cariari de Pococí

7

155

 

 

 

 

 

Heredia, San Pedro de Barva

6

270

 

 

 

 

 

Ciudad Quesada

5

57

 

 

 

 

 

Guanacaste, Santa Cruz

5

124

 

 

 

 

 

Guanacaste, Liberia

4

39

 

 

 

 

Total

 

27

645

 

Estos talleres se han implementado en instituciones, tal es el caso de Centro Penal la Reforma, con población Adulto Joven, en donde se ofrecieron 6 talleres contando con 70 asistencias; y por otra parte se impartieron 5 talleres con 35 asistencias a varones funcionarios de la Oficina de Atención y protección a las Víctimas del Ministerio Público.

 

  

  1. Ámbito al que pertenece esta oficina: Jurisdiccional (Derecho privado, Derecho público y Derecho social), Administrativo o Auxiliar de Justicia).

 

Ministerio Público, ámbito auxiliar de justicia (Oficina de Atención y Protección a la Víctima)

 

  1. Fecha desde la cual se ejecuta la buena práctica, sin perjuicio que sea nueva.

 

Desde el Mes de Agosto del 2013

 

  1. Anuencia y disposición de que la buena práctica pueda ser compartida con otras instancias nacionales e internacionales.

 

Si existe anuencia

 

 

 

Los plazos considerados para este concurso, serán impostergables y su no cumplimiento descalifica a la oficina participante.

 

Las prácticas propuestas pueden ser inscritas por medio del correo electrónico Banco de Buenas Prácticas Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.o pueden dirigirse al fax: 2295-4383.

 

 

La fecha límite de inscripción del 3° de abril al 30 de junio de 2017

 

“El Reconocimiento “A la Excelencia Judicial o Buenas Prácticas de Gestión Judicial” se otorgará a aquel grupo de trabajadores de una determinada oficina o Despacho, o Circuito Judicial, que se haya destacado por su honradez, mística, transparencia, excelencia y dedicación al trabajo y que con su actitud grupal hubiese enaltecido al Poder Judicial".1

 

 

  • “Reglamento de reconocimientos otorgados por el Poder Judicial”, Artículo 32, publicado en el Boletín Judicial Nº 179 del 5 de setiembre del 2006

 

 

 

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